En favor de Sexo en Nueva York

Partimos de que esto es una serie de televisión. Por tanto, que no cunda el pánico. Los espectadoresSexo en nueva York somos tontos, pero no tanto. Sabemos diferenciar la realidad de la ficción.

Partimos de que son cuatro chicas que hablan de múltiples temas, dando relevancia al amor y al sexo, que se divierten, les pasan cosas, y a veces, incluso lloran. Pero son chicas. Por tanto, el marco en el que se mueven es altamente femenino. Es lo que tiene una serie de protagonistas de género XX.
Oye, léete un artículo que publica hoy La Vanguardia sobre Sex & The City. Y lamento decirte, que no lo ponen muy bien”. Ésta es Eva, en su llamada del lunes. Sabe que la que escribe ha sido fan de la serie. Aunque ahora queda ya muy lejos, durante un año, y como mínimo un día a la semana, había reunión de amigas en casa para la sesión de capítulos. Quizás era la excusa para verse, antes o después, había puesta al día. Pero no se faltaba. La primera, la segunda…iban cayendo las temporadas, las protagonistas se hicieron un hueco entre nosotras. Con emoción y totalmente entregadas, nos inmiscuimos en la sexta. Fueron los mejores momentos, nos despedimos de la serie con ganas de más.
Así que leo el artículo. A raíz del próximo estreno de la película, no hay día que no se hable de Las Chicas de Manhattan. Y empieza a sonar la cantinela: “una serie feminista, mujeres solteras dibujadas desde la carencia, cuento de hadas de chicas que buscan marido, mujeres independientes enganchadas a ideas de antaño y valores anticuados, una sociedad neoconservadora y una vida en torno al consumo…”. Múltiples críticas desde la boca de sociólogas internacionales y nacionales disparando con lenguas viperinas teñidas, bajo mi punto de vista, de cierta amargura. ¿Serán ellas mismas quienes hablan desde la carencia?

No sé si Sexo en Nueva York nació, como dice el artículo, “con la vocación de ser una serie refrescante en la que por fin las mujeres hablan con descaro de sexo, y en la que se socavan prejuicios sexistas frente a la soltería femenina”. Lo que está claro es que, desde la ficción, Carrie, Miranda, Samantha y Charlotte han conseguido tener mucho en común con las chicas de hoy en día. No se trata de querer ser como ellas, sino que resulta que te pareces a ellas. Cada protagonista adquiere un perfil con el que cada espectadora puede comulgar en cierta medida, pero juntas, y en el papel de grupo, no hay duda que parte de la actual sociedad femenina funciona como ellas.
La serie habla de chicas que pasan de los treinta y no tienen esa vida que “supuestamente” se espera cuando alcanzas esa edad. No tienen compañero estable, no están casadas, no tienen hijos. Pero ni renuncian a una pareja, ni dejan de vivir por ello. Ni rechazan la condición de esposa, ni lo serán porque toca. Y mientras llega o no llega, exprimen su día a día y perfilan su camino. Un camino que ya no puede clasificarse como diferente, porque hay muchas que lo andan como ellas. No entraremos en por qué han llegado hasta aquí, el caso es que a la A y a la B, a veces no le sigue la C. Suerte o destino, forma de ser o propias elecciones.

El resultado es una vida con inquietudes y una gestión de su tiempo, con trabajos atractivos, pero en el fondo, trabajos, con relaciones que les funcionan, o que se tambalean, y por lo tanto, que las disfrutan, o que las sufren, una vida dirigida con decisiones racionales un día, y emocionales otro, tomadas con seguridad a veces, o con miedos otras.

Así que, como cualquiera. Nosotras también tenemos esa vida. Serrano no es la 5ª Avenida, y una caña cuesta menos que un cosmopolitan, en Zara no te compras unos Manolos y nuestra foto no se pasea en los autobuses. Es la pantalla la que pone la aspiracionalidad, y nuestra cabeza la capacidad de distinguir. Eso es la ficción, y nosotras vivimos aquí.
Un día a día con algo menos glamour, aunque no me atrevo a decir que con menos sexo, unas conversaciones con menos frivolidad, pero con trapos y hombres también como elementos reincidentes, unos quedes menos chic, pero con las mismas preocupaciones e iguales risas, y unos suspiros igual de fuertes por algún que otro fóbico al compromiso o tipo que no es, aunque no se llame Mr. Big.
No sé por qué se empeñan en alzar a nuestras cuatro amigas como las modernas heroínas que buscan liberar a la mujer de su condición femenina. Eso es no entender la serie. Si Sexo en Nueva York ha conseguido atrapar a tantas y tantas mujeres, e incluso a muchos hombres, además de por lo divertido de las situaciones, es por saber plasmar ese estilo de vida complejo que hoy comparten muchas chicas.

Mujeres independientes económicamente, que saben pensar, felices a pesar de sus altos y bajos, y con unas preocupaciones que se extienden a algo más que el tener o no pareja. Pero mujeres que siguen siendo románticas a pesar de arrastrar mochilas como todos, mujeres que por ser adultas ya no tienen prohibido hablar o practicar el sexo, con o sin amor, eso ya según les siente, mujeres que como cualquier ser humano, piensan en compartir su vida con alguien que, aunque no sea un príncipe azul, no será un simple sapo. Mujeres que no por creer en el amor son víctimas del neoconservadurismo ni son Cenicientas esperando que les traigan el zapato. No quieren ser feministas, son simplemente, mujeres de hoy.

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