EL LADO BUENO DE “EL PROCÉS”

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Han sido unos días complicados. Y largos. Y cansados y cansinos. Y tensos. Y tristes. E inquietantes. Podría seguir buscando adjetivos que los definieran, pero creo que todos, o al menos muchos, hemos experimentado algo de esas sensaciones.

Pero El Procés, o Mi Procés, también ha tenido unos cuantos momentos molt bonics,  asociados a personas y a vivencias. Momentos que he apreciado muchísimo, gestos, ratos,  que me han ayudado a poder ir aguantando con alegría estos infinitos días.

Quiero escribirlos, y lo hago en orden cronológico (que no de importancia), para poder dar las gracias y que no se me queden en el olvido.  Dicen que con el tiempo, lo que permaneces siempre es la parte buena de las cosas, pero por si acaso, yo quiero dejarlos anotados, para que  me ayuden a recordar, siempre, que en este momento histórico, no todo fue tan lleig.

Tres días antes del 1O. En un evento de La Tienda de las Palabras, con un público básicamente de la capital, leímos un poema de mi favorito Joan Margarit y lo hicimos en castellano i en català. Era nuestra pequeña aportación en busca de ese trasvase de afecto. Porque Literatura, va a ser que se escribe igual en los dos idiomas. Y así lo entendieron quienes estaban ahí. Una acompasada sintonía  impregnó todo el acto.  De forma imprevista, además, aparecieron urnas, lo que provocó risas de todos,  que falta ya empezaban a hacer.

Vivirlo. Sí. He tenido la suerte de ser de allí, de trabajar en la prensa manipuladora de aquí, y de que me enviaran de pseudo corresponsal al escenario del conflicto. Me ha tocado acercarme a algún que otro político, pero sobre todo, he sido afortunada de vivirlo cerca de la gente. O con la gente. De poder compartir la intensidad, la de los unos, y la de los otros. Me he cansado de sus cánticos, de sus extremismos, me ha caído la lluvia encima y me ha crujido la espalda. Pero he podido formarme una opinión sin filtros, o  al menos, sólo con los míos.

Un muy amigo madrileño estuvo en Barcelona unos días, por trabajo. Hablamos sin tensión y nos reímos mucho, con, del y sin el procés. Me acompañó a una manifestación, hicimos los dos de periodistas (algo que él es, y yo “fakeo”), que ya es de agradecer porque las horas de las manifas se hacen largas, cuando ya has ido a muchas y no comulgas con ninguna. Pero especialmente le doy las gracias enormes por tener una posición abierta y con perspectiva, y por compartirla, siendo él alguien que vive con poco entusiasmo la política. Por mostrar sobre todo cariño a la gent de Catalunya, algo que parece fácil, pero que no lo está siendo (en estos momentos) para mucho de mi entorno no catalán. Gracias grandes Pachi.

Estos días he recibido ánimos de amigos o conocidos, que además de ilusión, me han arrancado una sonrisa. Pero sobre todo, quiero darle las gracias  a dos personas, que se han incorporado a mi vida hace relativamente poco, pero que me han mostrado su amistad, aun más, en este tiempo. Gracias a Reyes y a Amaya, por sus mensajes constantes de apoyo y de entendimiento desde Madrid. Por haber ido a esa manifestación blanca en Cibeles, y ayudarme enviándome fotos y trasladándome el amor a Catalunya que se lucía y se cantaba allí. Me sirvieron para el periódico, pero sobre todo, me sirvieron a mí.

Si puedo ir andando a un sitio, voy. Así que estos diez días de exilio he aprovechado para recorrerme mi ciudad de nuevo. Para reencontrarme con lugares que en los últimos tiempos he frecuentado poco, que el tiempo siempre es corto cuando se está de visita. He disfrutado al volver a vivir esa Barcelona en la que me perdía  hasta mis 25 años. Me ha divertido bajar con frecuencia al Born, hurgar por el Barri Gòtic, passejar a conciencia per Gràcia. Recordar anécdotas de algunos bares o restaurantes, adentrarme por callejuelas que saben a humedad y te reciben con el mismo caliu. Hasta toparme con Flores Navarro. Què maca és Barcelona!!

La agenda del procés ha sido algo volátil, y hacer planes no parecía fácil. Pero al final ha habido tiempo para ver mis amigas de toda la vida, y a alguno más. Compartir una caña, un ágape, dar vueltas a la conversación del momento, exponer puntos de vista diferentes. Y además, encontrar espacio para ponernos al día más allá de la actualidad. Com sempre.

Joan ha sido indepe desde que lo conozco. Y van ya unos 24 años que nos aguantamos, cada uno con lo suyo. El gran día, ese del Sí_pero_No, tuve la suerte de que me hiciera una visita durante mi letargo en la Avinguda Lluís Companys (siete horas en la calle, os digo, que es agotador). Abordamos, cómo no, el tema, con sosiego y con broma. Nos pusimos a entrevistar a gente (él tiene ese descaro que a mí me falta), nos reímos,  pasamos un rato bueno. Sin asperezas, con sonrisas, con amistad. Eso es posible, sí, por mucho que los políticos se esmeren en destruirlo.

Desconectar. Sí, se puede. He conseguido ver La Cordillera, y volver a estar atenta sólo a Darín.  He conseguido disfrutar de las fotos de Nicholas Nixon, y concentrarme en otros paisajes, otras caras, otras vidas. He conseguido dormir ocho horas por fin una noche.

Y me dejo, seguro,  algún buen momento más. El mar lo vi, pero poco. De Puigi y Mariano nos hemos destornillado con twitter, y el  trabajazo de elplural.com ha sido tan bueno, que que se ría La Sexta.

Así que bendito momento histórico. Las generaciones que vienen lo estudiarán en el colegio. Y yo, además, podré contarles que siempre, siempre, existe el otro lado de las cosas.

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