Otoño en París.

Esta vez, París me recibe bañada en oro. No el de sus palacios ni el de sus vastos monumentos, no el de sus celebradas columnas o puentes laudeados. Ese oro forma ya parte de su ruta turística, y lo bueno de repetir con frecuencia un destino, es que los sentidos empiezan a despertarse con las pequeñas cosas.

Hoy es el oro que desprenden sus árboles, que han teñido la ciudad de amarillo, despojándose de castañas y manzanas minúsculas que interrumpen cada uno de mis pasos.  Es un París de otoño, donde las jeunes se lanzan a la nueva estación pisando sus primeros días de clase enfundadas en UGGs, mientras que las femmes resisten sin medias, pero resguardándose con boinas y gabardinas.  Un París que susurra viento, y cuyo sol engañoso juega con los turistas, mientras los autóctonos saben que, como mucho en media hora, tendrán que desplegar el paraguas.

Es un París que celebra su 9ª édition de La Nuit Blanche, para la cual La Cité se ha adornado con proyecciones, performances y música, y los parisinos, olvidando sus horarios ordenados, responden invadiendo rincones, esperando largas colas y lanzándose a la calle para participar en el acto cultural que inaugura el Otoño. Esquina tras esquina, París nos deja en blanco. El Hôtel de Ville se encarga de recordarnos, con neones políglotas, que hay que  Aimer les différences, intentando, quizás, limpiar ese rostro racista con el que últimamente se exhibe su  gobierno nacional. Mientras tanto, Trocadero queda asediada por banderas de todos los países que, esta vez sólo en blanco y negro, ondean  proclamando pacifismo.  La Île recibe la noche al son musical, y su puente se ilumina a través de cubos coloreados al ritmo de notas electrónicas, mientras que la armonía de órganos y pianos se despliega en la parroquia de Saint Louis.

Tal vez por aquello de que París bien vale una misa, no sorprende una Nuit Blanche en la que hasta el clero participa y, a pesar de cómo brillan los rosetones de Notre Dame en la oscuridad de La Nuit,  es una vez más la elegante Saint-Germain-des-Prés quien me gana con un despliegue de globos blancos reposados con bloques de hierro en cada una de las sillas, señalándonos que es el peso de la vida terrestre lo que impide la elevación del alma.

Un alma parisina que descubrimos en sus cafés, donde aspirantes a nuevos Sartre o admiradores de Modiano debaten sobre la vie y l’amour, acicalados con écharpes y americanas, escrutando bajo sus gafas de pasta cada palabra de sus libros de viejo. Su  chic glamouroso embellece la ciudad.  Es un alma que se cuela por  las buhardillas sobre el Sena, a través de esas casas que convierten cada calle en una instantánea a ilustrar. Un alma que pasea en vélos a través de quais y puentes anudados por candados, obligándonos a recordar que levitamos sobre la ciudad del amor.  Un alma que tiñe con estilo esos rincones del París Bo-Bo, por donde bohemios y burgueses se expanden entre bistrós, boutiques y anticuarios alrededor de la Rue Vieille du Temple.

Y es un alma que, polémica gitana al margen, vive mezclada en una sociedad interracial, en la que niñas de color ligan con sus compañeros de pupitre, y rabinos de barbas largas y sombreros negros se saludan por Le Marais. Y es en este barrio donde hace cinco años se ha inaugurado el Memorial de la Shoah, como centro de investigación y documentación del Holocausto a los judíos franceses, y cuyos 1.000m2 llenos de fotos, objetos, películas y documentos originales nos estremecen recordando los más de 76.000 hombres, mujeres y niños que fueron deportados de Francia hacia campos de exterminio nazi. Sus nombres están grabados sobre la piedra del Muro de los Nombres, y los de aquellos que intentaron salvarles lucen en la pared de l’Allé des Justes que delimita la entrada del museo.

Me tengo que despedir de París. Por culpa de colas no he podido saludar a Monet en su máxima retrospectiva puesta en marcha, y se me ha quedado corta la parada sobre el césped de La Place des Voges. Tendremos que volver. À bientôt!!!

P.D.: A mi amor por Shakespeare&co le ha salido competencia, y mi deleite librero esta vez se lo ha llevado La Belle Hortense, que unir un vino con un libro c’est magnifique!!

2 comentarios sobre Otoño en París.

  • Graaande Pita!!

    Hace tres años que no voy… pero me acabas de poner los dientes laaargos!
    Creo que debería volver pronto… parece que te voy siguiendo el camino en el viaje… 1º Formentera, ahora Paris… ¿dónde pasamos fin de año?.

    Un enorme beso….
    … de una viajera sin tiempo a nada

  • Pita

    Mil gracias Jester!!!!
    mmmmm….pues ya sabes dnd te tiene que llevar Luis próximamente…. :-))))))

    Ánimo que ya me imagino q. vas sin parar…..busca hueco y escribe!!!!!!!!
    un besote

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