FORMENTERA. La Necesidad de Volver.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero a veces, son mejores.  La historia se llena de otras aventuras, tomas confianza con el protagonista, y te quedas otra vez con ganas de más.

Volvemos. Los ánimos desembarcan revueltos por ese invierno largo y algo duro, y sabemos que echaremos de menos.  Pero aquí estamos de nuevo, descendiendo del barco para tocar el puerto de La Savina. Empezamos. Un año después, Formentera nos acoge diciendo su Hola puro.

Enfilamos la carretera hacia otro hogar perdido entre caminos de tierra, que también estará cortado en blanco y nos abrirá su puerta azul. Pasado Sant Francesc, la vista recorre sus propias rutas, y respiramos tiempo. En la isla no hay semáforos, será para que todo fluya, para que el tiempo siga, para que lo detengamos sólo cuando el sol lo dicte, y combinemos los minutos según constelen las estrellas.

Hace años la isla fue bautizada como L’llla de les Dones, los maridos partían hacia horizontes más rentables, y las mujeres aprendieron a sobrevivir por ellas mismas. Hoy la isla sigue impregnada de ese tierno coraje femenino, que te invita a soñar para marcar tu destino, susurrándote que aún rodeada de un mar sin horizonte, los pies deben pisar tierra, aunque no esté asfaltada.

Formentera se ha vuelto una adolescente con gusto, que sabe que debe crecer con seny hacia su madurez, sin rebasar límites.  La isla  es ahora políglota, y al catalán de Les Festes Majors se ha unido con buen tono el castellano de los nocturnos del Blue Bar y, con cuidadoso estilo, el italiano de restaurantes y tiendas que visten con clase a la isla. Formentera ya no es esa tierra en la que hace poco más de 50 años no había coches, y sólo diez taxis recorrían sus 18 kilómetros.  Ahora son autos, motos, quads y bicis que se dejan paso en caminos en los que sólo cabe uno, pero donde hay sitio para todos.

Hoy la Fonda Pepe ya no es el centro revolucionario de los 70’s, ni los turistas lucen flores en el pelo.  Atrás quedó ese Molino que sirvió de escenario de la censurada MORE, y de portada del disco de su banda sonora compuesta por Pink Floyd. Pero hoy, en la plaza de Sant Ferran siguen reuniéndose jóvenes con ganas de reivindicar, en la Mola, música callejera y tenderetes de mercadillo eternizan el espíritu hippy que tiñó de blanco la isla, y ese verde de olivos e higueras que cubren cada  camino te sigue acercando a la esperanza de una ilusión más allá de las vacaciones.

No consta que Klein viajara nunca a Formentera, pero no hay duda que los vastos tonos azules del mar de la isla confirman esa “materialización de la sensibilidad” que el pintor aseguraba que se conseguía profundizando en un único color.

Dicen que el agua cristalina de la pequeña Pitiusa es gracias a las algas posidoniáceas que se expanden en sus subsuelos marinos. No será casualidad que la Posidonia más grande del mundo se encuentre en la isla, tal vez es por eso que Formentera genera ese sentimiento Posesivo que, dejándote marchar, te obliga siempre a volver.

Volvemos.  Hoy la conocemos un poco mejor. Hoy hay ganas de más.

P.D.: atención a la Iglesia de La Mola y a ChezzGerdi, porque darán que hablar.



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