ADIÓS A MI SOFÁ

Domingo noche. Estoy rodeada de cajas y con las paredes vacías. El objetivo del fin de semana se ha cumplido, todo listo antes de las 00:00h. En este preciso instante, sin ruidos y con sólo la compañía de unos muebles que han dejado de tener sentido, mi casa ha dejado de ser un hogar para volver a ser ese par de habitaciones frías y destartaladas a las que conocí hace diez años.

El adiós de ahora no es definitivo. Sólo hemos acordado, tras muchas reflexiones en común, que debía someterse a un lifting. De esta manera, con un rostro nuevo y rejuvenecido, podremos seguir recorriendo muchos más momentos juntas. La acción conlleva preparación, y por ello el reto del fin de semana de empaquetar todos los objetos. Objetos que, con el paso del tiempo y sin ser del todo consciente, han ido tomando su forma en las estanterías, han ido adecuándose en las paredes, se han instalado en los cajones. Desde libros, hasta cuadros, pasando por globos terráqueos o baúles….miles de elementos que han acabado, finalmente, formando “mi casa” de hoy. Y es al guardarlos, al dividirlos, cuando de repente se quebranta ese pequeño mundo que, a lo largo de los días, me ha ido acogiendo y ha ido creando mi día a día.

Más de uno de ellos va a desaparecer. Renovarse o morir dice el refrán. No me libro del momento despedida con más de uno de ellos.

Pero resulta que, y aunque no hay tregua y sí o sí se va, es con mi sofá con el que llevo más tiempo cerrando nuestro adiós. ¿Cóoooomo, os preguntaréis?? Pero si es anticuadísimo, incómodo, las fundas no se llevan...millones de argumentos que, desde el día que entré por esa puerta, han ido saliendo de la boca de todos aquellos que han tenido el placer, no sólo de conocerlo, sino de sentarse o incluso de dormir en él. Pero quizás por todos esos mismos momentos….por todos los que no sólo yo he compartido con él, sino los que ha compartido con todos los que han pasado por mi casa, es por lo que despedirme de mi sofá me da…no sé…¿respeto?.

Podríamos abrir el debate sobre qué espacio es el más significativo a la hora de formar un hogar. Hay quien dice que el dormitorio, por aquello de ser el más íntimo. Otros votarán por la cocina, alegando que es dónde se cuece la comidilla de la familia. El salón siempre parte como favorito, ¡¡si es donde más tiempo estamos!!. Y alguno que otro solitario preferirá el despacho, aferrándose a su escritorio, y a la tranquilidad del silencio.

Yo no tengo claro cuál es el mío, ni cuál será en mi próxima casa….pero sí sé que al despedirme de mi sofá, me vienen a la mente multitud de instantes, relevantes algunos, más rutinarios otros, que han sido proporcionados por él.

Ha sido en mi sofá dónde he leído libros, revistas y diez años de periódicos, dónde he llorado o he reído viendo películas, ha sido él quien me ha acogido en mis múltiples resacas y sobre el que he caído con alguna copa de más. Él que ha servido de percha para esa noche que no llegas ni al armario. Sobre el que me he tumbado para simplemente pensar en el más allá, y en el que me he sentado para reflexionar sobre la preocupación del momento y tomar decisiones. Gracias a él se empezó a calentar alguna historia sentimental, por aquello que la proximidad entre dos se reduce compartiendo asiento, y ha sido gracias a él que hemos disfrutado de maratonianas veladas de cotis con todas y de risas con muchos, dónde hemos compartido confidencias de buena mañana, al despertarse las invitadas de Barcelona o la amiga que ayer tuvo que quedarse a dormir, dónde se han anunciado noticias de bodas y de rupturas, haciendo más confortable esos momentos de alegría o de tristeza, donde han dormido familiares y visitantes que me han ayudado a tener Barcelona siempre cerca…

Es en mi sofá dónde he vivido infinidad de ratos que, y ya con la distancia del tiempo, me doy cuenta que han formado mi día a día en esta última década.

El próximo sofá traerá seguro más momentos. Como cualquier cambio, las expectativas son altas. Para seguir con el futuro, hay que desprenderse de elementos del pasado. Mi sofá será uno de ellos, pero no sin antes darle las gracias por todo este tiempo que ha pasado conmigo….y probablemente…también contigo.

P.D: he intentado poner un foto del susodicho, pero resulta que no hay ninguna que esté sólo. Siempre estáis alguno de vosotros, sentados en él.

2 comentarios sobre ADIÓS A MI SOFÁ

  • joan

    conocí a un chico muy majo que no estructuraba el salón alrededor de la televisión… me pareció interesante… no tenía TV y priorizaba aspectos como la calidad de luz, la lectura cómoda, la mejor comida,… y como no, el sofá y la manta…

  • Pita

    Cuando yo llegué a Madrid, decidí que no quería tener Tele. Mi madre me regaló una, pq. me dijo q sino me iba a volver “rara” y al margen de la sociedad. Cierto es q. aunq. la veo poco, es bstante difícil ser persona “del mundo” sin ella. Podemos abrir debate tb. con esto. Quizás en otro post.

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