¿Y si ponemos nombre a las etapas de la vida?

Hoy, por favor, dedicadme cinco minutos. Tal vez más. Hoy hay que leer y pensar. Hoy hay que intentar reflexionar sobre cómo dividiríais vuestra vida. En cuántas etapas podríais estructurar todo lo que os ha acontecido hasta la fecha, y decidir qué título le pondríais a cada fase. Intentarlo, porque yo ayer…. no lo logré.

En una de esas conversaciones “con sabor”, en las que hablando de algo concreto saltas a lo abstracto, tras un repaso a las vacaciones y a los próximos planes de futuro inmediato, llegamos con ESE a un punto interesante. Todo empezó al contarle mi encuentro casual con alguien importante en su vida, pero que hoy ya significa poco. Alguien que fue, pero que ya no es. Porque de los trenes de cada uno, también bajan pasajeros que ya no vuelven a subir.

Y surgió a raíz de ese momento. “No sé….mi vida es como si pudiera separarla en tres partes….tres partes que asocio a…….y bueno, no sé….si le pusiera un nombre podría ser…..Bueno o quizás esta etapa primera no la tengo tan clara….”

Y así empezamos, y así acabamos, sin haberlo conseguido de una manera clara. Yo aún estoy decidiendo mis particiones.

¿Qué es lo que marca un período de nuestra vida? ¿Una sensación? ¿Varias? ¿Un hecho? ¿Una persona? ¿Un lugar? ¿Un trabajo? ¿Un entorno que limita nuestro día a día? ¿Un cúmulo de circunstancias que durante una época de nuestra existencia determinan una manera de comportarnos, una manera de sentir?.

Y no hablábamos de momentos, que suelen ser fugaces, y por mucho peso que adquieran, y se conviertan en recuerdos importantes, no dejan de pasar como un “chasquido de dedos”. Si no, tal vez, de ese dominó de instantes que se convierten en épocas, se configuran en fases que adquieren un nombre, fases que podemos bautizar.

Y a lo mejor, de lo que estamos hablando, es simplemente de Evoluciones Personales. A esa conclusión creo que he llegado en el insomnio de esta noche, y aún no lo he puesto en común con ESE, a ver si está de acuerdo, y a ver qué creéis vosotros.

Evolución, eso sería lo más relevante para poder identificar una nuevo período. No se trata de cambios profundos de valores, porque la esencia personal tal vez sigue siendo la misma, sino de darte cuenta que ya dejaste de ser “aquel”, para ser “aquel y algo más” y que, para llegar hasta allí, probablemente dijiste adiós a algo, algo propio se quedó atrás. El cómputo pudo haber sido muy positivo, o con ratos de más o menos felicidad, no siempre es un cambio “por portazo”, pero ese espacio ya tiene una nueva frontera con lo que sigue a continuación. Algo hizo “click” para avanzar un poco más.

Quizás lo más fácil es asociarlo con algo concreto, y eso sea lo que nos sirva para darle un nombre, o tal vez eso haya sido la causa de ese nuevo rumbo, o lo que lo ha facilitado, o lo que ha sido lo más destacable a lo largo de ese tiempo, pero bajo mi punto de vista, no tiene porqué, tal vez el nuevo ciclo se ha ido configurando a través de todos esos momentos que se viven bajo un mismo período.

En uno de los comentarios que recibí en el post de “Sobre los afectos”, alguien reflexionaba preguntándose en voz alta si, habiendo partido de su ciudad natal, y habiendo pasado el tiempo: “¿seguimos siendo aquellos?, ¿nos sentiríamos cómodos e integrados en esos lugares de antaño, más allá del tiempo que compartimos la nostalgia?, ¿somos aquellos o somos los que ya pertenecemos a los lugares físicos, emocionales, etc. de ahora?” .

La respuesta no la tengo clara. Debes ser que la que escribe está algo lenta desde la vuelta de vacaciones. Pero me atrevo a decir que una etapa de tu vida no tiene porque ser incompatible con el resto. Con las anteriores, o con las que vengan. Simplemente, son etapas. Pero no es fácil marcarlas, ni mucho menos, darles un nombre.

¿Lo intentamos?

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