La depresión de la tumbona….¿o nos estamos volviendo locos?

Muchos de vosotros llegaréis tarde a este post. Ya estáis de vacaciones, y a la vuelta,  las reflexiones serán otras. Pero los que aún me lean, no sé si compartiréis conmigo que nos estamos volviendo locos. Pero muy locos. ¿¿Pero esto qué es???

Por fin el buen tiempo, por fin el anisado verano, por fin llega la mejor  época del año. Pero señores, cuidado,  porque con las vacaciones…resulta que seguimos incorporando el omnipresente stress. El stress de dejar de trabajar, el stress de dejar nuestra rutina, el stress de planificar qué no vamos a hacer.  Y a mí me parece que nos estamos volviendo locos. Pero muy locos. ¿¿Pero esto qué es?

Hace un mes, el  12 de julio, coincidiendo con el pistoletazo de salida de la época estival, El País publicaba un artículo con el siguiente título: “El stress de dejar de trabajar”, en él se argumentaba toda una serie de efectos que produce el bajón veraniego, resumidos en sensaciones de ansiedad, vacío, desamparo o desorientación.   No, no estamos hablando de sobrellevar un duelo, o de enfrascarnos en una película dramática. No.  Estamos hablando de los efectos de la llegada de las vacaciones de verano. Y a mí me parece que nos estamos volviendo locos. Pero muy locos. ¿¿Pero esto qué es?

No pongo en duda ninguna de las afirmaciones que hacía el artículo, que para algo está documentado con datos y estudios sociológicos.  Según los expertos, con las vacaciones, nos vemos despojados de nuestra “segura” rutina, modificar nuestro ritmo habitual no es tarea fácil, y el cambiar hábitos se traduce en desequilibrio.  Aparece asimismo la frustración, idealizamos el momento placentero, y parece ser que no lo es tanto, o si lo es, pero las expectativas han hecho de las suyas, y en este mundo de “necesitar siempre más”, el resultado es de decepción.  Y entramos en las crisis emocionales, parece ser que acostumbrados a convivir poco con la pareja, la familia, o los amigos, la intensidad en las relaciones durante las vacaciones acaba provocando de nuevo desconcierto, traducido en  rupturas.   Una tercera parte de las separaciones matrimoniales se producen a la vuelta del verano.  ¿Estoy con quien quiero estar, y éste quien es?.  Y a mí me parece que nos estamos volviendo locos. Pero muy locos. ¿¿Pero esto qué es?

Los consejos preventivos son muchos y variados.  Podríamos  ponerle un claim: “Afronte usted las vacaciones con seguridad”.  A la altura de la mejor  campaña de tráfico o de prevención de riesgo sexual.  Desde un último día de trabajo tranquilo, por eso de no llegar con las neuronas aceleradas y caer en picado, a olvidarse de móviles e emails para desconectar del absorbente mundo laboral, pasando por organizar los viajes y desplazamientos con calma, y bajo el principio tan básico pero tan olvidado de conocerse a uno mismo.  Vacaciones a gusto del consumidor.  Si es sol y chiringuito, bienvenidos a la playa, si le doy al hiperactivismo, hagamos un rodeo de museos y monumentos por la ciudad deseada, y si me decanto por las aventura, pongámonos las botas y cojamos la mochila. No se trata de tener que hacer, sino de lo que me apetece o me gustaría hacer. Y a mí me parece que nos estamos volviendo locos. Pero muy locos. ¿¿Pero esto qué es?

Y ya tenemos nombre para esta locura, “La depresión de la tumbona”, término acuñado por la clínica austriaca Wagner-Jauregg, en Linz, para denominar el síndrome que padecían sus pacientes,  con sensaciones de ansiedad después de la época de descanso, sobre la que habían puesto tantas expectativas, en la esperaban conseguir todo lo no conseguido a lo largo del año, y pasada la cual, sufrían un desconcierto tal, que se canalizaba en depresión diagnosticada.

Y a mí me parece que nos estamos volviendo locos. Pero muy locos. ¿¿Pero esto qué es?.  Porque el problema, a lo mejor, no es las expectativas de las vacaciones lo que falla, sino el día a día a lo largo del año.  Nuestra mala gestión de la vida. Y eso que sólo se vive una vez.  Porque tal vez, antes de remediar este posible (no a todos gracias a Dios les sienta tan mal) efecto de las vacaciones, deberíamos aprender, dentro de las tensiones laborales y de las prisas del invierno, a marcar nuestros tiempos de ocio, de espacio, de compartir con las personas que queremos, a marcar distancias con el mundo que nos absorbe. Y así disfrutar, y disfrutar mucho más en las vacaciones, que siempre seguirán siendo un cambio, que para eso se esperan, pero sin producir esta serie de efectos secundarios peligrosos. Como mucho, que los sarpullidos sean de  risas, alegría, descanso, relax, cachondeo, música, copas y sorpresas, y volvamos con pereza, pero más felices que perdices.

A mí me quedan ya sólo dos días para las esperadas vacaciones. Y ya empiezo a esta de Huevera. Porque para eso están.  Para pasarlas, pero pasarlas bien, de forma loca, pero sin estar locos, o sólo un poco…..porque ¿¿¿esto que es???….VA CA CIO NES

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