Sobre los Afectos

Este es un texto que me llegó por email hace tiempo. Así que no, yo no lo he escrito. Quizás, me llegó hace más de cinco años, pero ha conseguido sobrevivir en mi ordenador. A algunos de vosotros tal vez os suene, porque seguro que, en su día…u otro día….hice un “forward”. Lo he releído muchas veces, supongo que porque en determinados momentos, me he identificado con lo que expresa. O quizás, lo sigo haciendo. No sé. Espero que a muchos de vosotros, sobre todo a los que alguna vez habéis cogido la maleta por un tiempo largo, pero también a los que, simplemente, habéis tenido la sensación de distanciaros de emociones, no sólo por distancias físicas, a veces, porque la vida marca caminos que implican renuncias, también os resulte familiar lo que cuenta. Sea lo que sea, quería que se quedara aquí subido.

 

SOBRE LOS AFECTOS

Hace poco llegué de vacaciones, de un largo viaje donde cargué mi alma de afectos, de miradas, de sonrisas cómplices, de conversaciones anteriores, porque creía que el tiempo y la distancia eran una buena mezcla para el olvido. Me daba mucho miedo pensar que el cariño se fuera diluyendo a causa de mi ausencia.

A todos los que en algún momento partimos, como es natural, nos preocupa el futuro pero también nos angustia el dejar cosas, perdernos días, semanas, años, con la gente que queremos. Empezamos a pensar en lo que significa alejarse de la familia, los amigos, los olores, los sabores, y los paisajes habituales. Mi caso no es distinto. Como tanta gente que se ha ido, después de un año, necesitaba volver y comprobar que hay cosas que no cambian y se mantienen inalterables, por más que uno esté lejos.

Necesitaba volver para poder sopesar y decidir donde quiero estar.

Ahora, ya de nuevo lejos, me doy cuenta de que esta ciudad empieza a pertenecerme. Estas estrechas calles, cargadas de olores fuertes, ya comienzan a transformarse en habituales y me muevo por ellas de manera diferente. Los de aquí ya empiezan a reconocerme y el que me atiende cada mañana en el colmadito de enfrente comienza a tener historia, así como la cajera del supermercado. Así, sin darse uno mucha cuenta, va creando nuevos lazos y aplacando nostalgias.

Poco a poco van surgiendo nuevos rostros, nuevas historias y nuevos afectos. Y a pesar de estar lejos, deja de tener plazos y fechas límites, se va perdiendo el sentido de provisionalidad y comienza a tomar forma de hogar. Pero claro, bien dicen que todo en la vida requiere de una renuncia. Y puede que falte mucho tiempo para volver a reencontrarme con esos afectos entrañables.

Tal vez falta demasiado tiempo para comenzar a analizar si ésta era la decisión correcta o si el abandono tenía la importancia real que le dimos en su momento. Mientras tanto, los recuerdos quedan suspendidos y atesorados en la memoria. Y quizás, en algún momento hagan su llamada…quién sabe, quizás.

Pero uno empieza a estar bien lejos porque descubre que la nostalgia toma un sabor dulce cuando es porque uno lo ha elegido, y así empieza proyectos y va forjando sueños, lejos.

Y aunque falten siglos para volver a esa tierra lejana, ahora entiendo que eso no es lo importante, porque siempre podré reencontrarme con esas almas añoradas y el cariño permanecerá intacto. Sólo que esos encuentros serán breves e intensos, donde renacerán con nostalgia las historias comunes y las voces se

pelearán por contar aquellas en las que uno no estuvo presente.

Seguramente todo tomará tintes de novela y el momento se teñirá de sepia y de un aroma añejo, sin importar el lugar, ni las horas, ni el trayecto, ya que lo que uno ahí descubre, por lo menos eso me pasó a mí en ese viaje, es que los afectos pueden sobrevivir a la distancia.

4 comentarios sobre Sobre los Afectos

  • Bea

    Ay Pita!
    ¡cómo entiendo que te tocara la fibra sensible!
    A todos los que alguna vez hemos partido hacia otros lugares físicos, pero a veces también, a otros lugares emocionales o intelectuales.
    Y sí, es cierto que cuando volvemos, tenemos esa sensación de recuperación de historias vividas, de cariños intactos, de lazos infranqueables. De regreso al nido acogedor donde nos sentimos nosotros mismos…

    ¿o no…?

    ¿seguimos siendo aquellos?, ¿nos sentiríamos cómodos e integrados en esos lugares de antaño, más allá del tiempo que compartimos la nostalgia?, ¿somos aquellos o somos los que ya pertenecesmos a los lugares físicos, emocionales, etc. de ahora?

  • Interesante reflexión que a todos nos toca más o menos. En mi caso relacionado con el lugar donde me crié y al que vuelvo de vez en cuando (hace poco volvimos a juntarnos todos los amigos de la infancia).

    Mi opinión es que la forma de procesar estas “separaciones” depende en gran medida de como uno afronta la vida y los cambios. Unos tienes más facilidad y menos apego al pasado y se desligan con naturalidad dejando unos lazos más o menos intensos y otros prefieren mantener los lazos y aferrarse al pasado (ejemplo gente que no se adapta o no se quiere adaptar a una nueva ciudad y sigue volviendo cada fin de semana a su tierra).

    Creo que ambas actitudes son muy humanas y validas y es uno mismo el que debe elegir que opción tomar.

    Lo que también creo, es que la vida es un camino que hay que recorrer y en el que a menudo hay que dejar y renunciar a cosas para poder seguir caminando. Al menos es mi filosofía de vida aunque no siempre sea fácil romper con el pasado y a veces duela.

    Un beso!
    Javier

  • Pita

    Yo creo que hay una parte de nosotros que vuelve a integrarse con facilidad en esos otros espacios, físicos o emocionales, que dejas, porque te hace ilusión, porque sabes que es una sensación temporal, pero al mismo tiempo, porque recuperas cosas de ti que estaban quizás ahora escondidas, aparcadas, pero que te pertenecen, porque tu también eres eso, lo que has sido.
    Y es cierto que, de todas formas, uno ha evolucionado, y que ya no eres esa misma persona, ni el de al lado tal vez….y te has perdido cosas, y se han perdido cosas. No sé. A mi eso me asusta.
    Y a veces influye el momento, porque son encuentros rápidos en los que no da tiempo a conectar otra vez, y te sientes muy lejos, pero de repente, dedicas tiempo, y te das cuenta que no se ha perdido nada, que vuelves a conectar con emoción y es una sensación enorme.
    Bueno, es lo de siempre….es el tiempo que dedicas a la rosa lo que hace que la rosa sea importante.
    Y no, no hay que aferrarse al pasado, yo creo que lo hay que saber integrarlo.
    En fin…. :-))

  • […] uno de los comentarios que recibí en el post de “Sobre los afectos”, alguien reflexionaba  preguntándose en voz alta si, habiendo partido de su ciudad natal, y […]

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