CAMPANILLA

(Dicen que los escritores al mirar son capaces de ver más allá de lo que hay.  GRACIAS Rose por este regalo. GRACIAS por haber compartido tantos años de tardes literarias, alguna que otra caña, muchas risas y muchas redes sociales. GRACIAS, sobre todo, por dedicarme tanto talento).

 

Tienes las alas escondidas, pero a mí no me engañas, Campanilla.

 Hace tiempo que dejaste de creer en Peter. Ya no lo buscas, sin embargo, por la noche, a veces dejas la ventana abierta.

 Vuelas si te dejan. Con las raíces en tu tierra, familia y amigos, que  a veces te pesan sobre las alas. Y a la vez te hacen cosquillas. Sobre todo tus sobrinos.

Tus alas son de papel. Al moverlas las letras se juntan y dejas una estela de historias, que otros leen. Algunas veces hasta las escribes tú, no tantas como te gustaría.

 Confieso que a primera vista creí que votabas al PP. Afortunadamente, nada es lo que parece a simple vista. Tampoco tú.

 Algo ha cambiado: ahora no alisas tu pelo.

 La parte que más me llama la atención de ti es la que ocultas. Lo mismo que las historias que no escribes, esas son mis favoritas.

 Pisas fuerte. Da igual que te pongas zapatos de tacón que playeras. Te pongas lo que te pongas eres una Carrie Bradshaw.

 Hay algo melancólico en tu mirada que no me reconocerás. Algo profundo. Sonríes. Sin embargo, allí se esconde algo que emociona.

 Sabes disfrutar de un vino tinto y una buena conversación.

Campanilla se mueve en moto por Madrid.

 A veces, te sientes sola en lugares de moda, otras puede que después de todo esperes un poco a Peter. Lo que pasa es que a estas alturas ya no te vale cualquiera. Menuda eres tú.

 Mercader de palabras. Un movimiento de alas y por arte de magia salen a la calle, a los bares, panaderías, tiendas de decoración, mercados de moda y  hasta estaciones de tren.

 El nombre de tu tienda nació de uno de tus mejores relatos.

 Campanilla, librera sin librería. No dejes nunca de volar. Escribe cuando aterrices.

 Rosa del Blanco

dibujos de campanilla para imprimir 1

De valentías cuando tocan…

Para ponerme a explicar las maravillas de Spotlight creo que voy tarde. Ya saben ustedes, hemorragia de periodismo de nivel, de ese que parece que sólo existe en las películas, pero que luchamos para que se impregne en nuestras redacciones. Un tema tan controvertido como la Iglesia, un guapo como Mark Ruffalo en un papel que no me puede atraer más y un líder como Michael Keaton que me hace vivir todos sus segundos. Para el resto de actores, más aplausos. Pero a lo que yo salí dándole vueltas fue a esos SÍES que, en el momento adecuado, van declarando los personajes. En cada diferente etapa del proceso, alguien tira hacia delante. Bajo amenazas, bajo cansancio, bajo temor. Siempre hay un sí que provoca que la investigación continúe. Desde las más altas esferas del periódico, o del poder,  al redactor de turno. Alguien se la juega. Alguien se implica.

Veinticuatro horas más tarde de ver la película, me sentaba a ver a José Sacristán como un millonario podrido de ego en Muñeca de Porcelana. Que su actuación es sublime os dejo que lo comprobéis vosotros mismos. La trama, además, de lo más actual. Hasta dónde el dinero controla el poder. Algo nos suena, no? Pero resulta que ese anciano, por amor, o algo a lo que él quiere llamar así, ha decidido cambiar de vida. Quizás es tarde. Quizás ya no le dejen.

Este medio día he recibido la llamada de alguien con quien hablo muy poco y al que veo menos. Alguien a quien quiero mucho. Por todo lo vivido, por todas esas risas y esa confianza que nos tenemos sólo empezar una conversación. El motivo era compartir conmigo que, tras 18 años en una gran multinacional, ha decidido salir y remar hacia otro lado. Buscar la ilusión en otro horizonte. Un horizonte aún desdibujado, pero que no da miedo. No quiero quedarme con las ganas de atreverme, de haber cambiado yo mi vida.

 Hay lunes que me gustan más que otros.

 PD.: lo más curioso de la llamada es que justo hoy estoy sin móvil.  Utilizando ese otro teléfono, que no suena ya (casi) nunca…

TRES OBRAS Y UNA PELI

Cuando este blog respiraba con aliento, a una, de vez en cuando, le daba por compartir obras de teatro, pelis o libros (ahora, para esto último, visiten La Tienda de las Palabras). Así que vamos a recuperar (buenas o no) costumbres, porque en las últimas semanas mi vida cultureta se ha visto sorprendida por algunas cosas muy buenas….

 ESCENAS DE LA VIDA COYUNGAL

Pues hombre, volver a ver a Darín sobre un escenario (hace años me deleitó con ART) era mandatory. Y de nuevo, el pibite lo borda y su acompañante, Érica Rivas (Relatos Salvajes), está a la altura. Si además resulta que es de Bergman y que la dirige Norma Aleandro, raro hubiera sido que saliera mal. Eso sí, la obra es amarga, o quizás lo de las rupturas y el desamor una lo lleva mal. Pero consiguen que nos riamos, con y sin ironía, y que empaticemos con esa pareja que se quisieron antes de quererse ellos mismos.

CUANDO DEJE DE LLOVER

Que sí, que las herencias familiares, y no hablo de dinero, marcan la vida de todos. Ya puedes trabajarte, luchar por torear los pasados, que la carga de las generaciones familiares tose cerca todo el rato. Y si no, vete a Matadero y conoce a esos personajes complejos, pasa unas vidas (las suyas) con ellos, respira hondo y ponte cómodo. Porque la obra de cómoda va a tener poco, pero vas a quedar impactado con la fuerza del simple montaje y de los protagonistas. Vas a salir dando vueltas y más vueltas a qué va esto de la vida. Y si no has oído hablar de Constelaciones Familiares, quizás ahora, es el momento.

LA TENTACIÓN DE VIVIR

El viernes nos metimos en una sala experimental, que te dicen que por favor no manches la moqueta, y que el móvil ni vibre, que tienes a los jóvenes actores a dos centímetros de ti. Un guión nominado a los Max. De lo más cómico pero a la vez real. Porque nuestra existencia está llena de casualidades, de un azar en el que creer o no, de malos entendidos, de sentimientos ocultos. Cierto que el final de esta obra está poco bordado, pero aún así, aplaudimos bien fuerte.

TRUMAN

Que síiii, Darín de nuevo. Pero es que insisto, uno no puede perderse nada de este actor que no es actor, porque el tipo no actúa, el tipo siente y padece. O mejor dicho, consigue que nosotros sintamos y padezcamos. Y sí, va de una muerte, pero sobre todo, de una amistad (Javier Cámara continua con personajes entrañables), y de la incapacidad que tenemos para expresarnos ante situaciones que no controlamos, o en nuestra vida cotidiana. De sentimientos que necesitan decirse, de abrazos que necesitan darse.


En fin, que estáis tardando. Aprovechad el puente y a  disfrutar de las cosas chulas que hoy nos ofrece Madrizzzzzz

FORMENTERA en 12 FOTOS, 12 VERSOS.

 

Las imágenes, las pone la isla. Los versos, los poetas. El disfrute, fue mío.

mar

 

Y el mar sigue moviéndose. Yo busco

un tiempo mío entre dos olas,

ese mundo flexible de la orilla,

que retiene los pasos de un momento,

nada más que un momento,

entre la realidad y sus fronteras.

(El insomnio de Jovellanos: un tiempo mío entre dos olas. Luis García Montero)

faro

“Para algo más que para pasar como sombra.

Dentro de mí una luz quiere salir fuera”

(Concha Méndez)

camino

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿A dónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero,

a lo largo del sendero…

(de Soledades. Antonio Machado)

arbol

Hay troncos a que asisten fuerza y gracia,

Y entre el aire y las hojas buscan nido

Pájaros a la sombra de la muerte;

Hay paz contemplativa, calma entera.

(Elegía Anticipada. Luis Cernuda)

barcas

Mi táctica es

          ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos

simulacros

para que entre los dos

no haya telón

         ni abismos

(Táctica y Estrategia. Mario Bendetti)

arena

Y yo seré por siempre, reintegrado

con todo lo que escapa del recuerdo,

con todo lo que amé, con lo invertido

en sueños esperanzas y deseos.

Todo me espera allí. Cuando regrese

seré lo que ahora soy, lo que ya he sido

(De Cómo caer del agua sobre el agua. Jesús Tomé)hombre

Una vez solo es la vida.

Apúrala con calma, con hambre, enajenado,

distante a la idiotez, altivo si es preciso,

abraza la penumbra, no huyas la tristeza,

sé fiel a la lujuria, no temas la renuncia.

Apúrala en silencio,

jamás con abandono.

(Querella II. Antonio Lucas)

puesta

No hi tornis sol, murmura

un home desolat

que ara amb fúria aprèn

des d’on tornar a estimar

(Un viatge al novembre. Joan Margarit)

vinedos

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que conocemos y apenas sospechamos

y la carne que tienta sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,

ni de dónde venimos!…

(Lo Fatal. Rubén Darío)

casa

Nos da como vergüenza

vivir, nos da vergüenza

respirar, ver lo hermosa

que cae la tarde. Pero

por el ojo de todas las cerraduras del mundo

pasa tu llave y abre

familiar, luminosa,

y así entramos en casa

como aquel que regresa de una cita cumplida

(Eugenio del Luelmo. Que vivió y murió junto al Duero. III. Claudio Rodríguez)

costa

De la luz que entra al alma por los ojos,

los párpados velaban el reflejo;

Mas otra luz el mundo de visiones

Alumbraba por dentro

(Rima LXXVI. Gustavo Adolfo Bécquer)

mail.google.com

Nadaba yo en el mar y era muy tarde,

Justo en ese momento

en que las luces flotan como brasas

de una hoguera rendida

y en el agua se queman las preguntas.

los silencios extraños

(Primer día de vacaciones. Luis García Montero)

PD.: y de verdad, de verdad….está plagada de italianos que no callan. Mucho mejor que vayáis a Sicilia…..

SOBRE LÁMPARAS Y PUERTAS.

PD.: este post se escribió el viernes, que los domingos los lampistas no trabajan…

Hoy, después de dos meses, ya lucen las lámparas en los techos. Han estado sesenta días en una caja que, por fin, he podido romper. Y sonrío.

No, no tiene que ver con quitarme sólo tratos de en medio, ni con la luz, que ya existía. Tiene que ver con convertir este espacio en mi escondite de risas, sollozos y bailes.

Sonrío porque, poco a poco, cada vez que entro en una habitación noto que me pertenece. Empezamos a hablarnos de tú a tú, con la confianza del estar a gusto, con el respeto de unas recién presentadas.

Desconfié en un principio de esa puerta de okupa, como la ha bautizado mi primo. Dudé en coger la moto y volver por dónde había llegado. Pero ya que estoy aquí….

Semanas más tarde esa puerta me conduce, cada día, a un séptimo piso que ya es mío. Un espacio con temperatura a máximo volumen, con plantas y flores, libros. Y otros libros. Fotos, vinilos y cedés. Con sombreros de paja, ornamentos y una bici. Con armarios sin hueco pero con espejos. Y la luna. Un espacio cuyas paredes permiten distinguir las estrellas y que diferentes melodías suenen a todo lo que soy y quiero ser. Hoy.

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LA PLAZA.

Te sonreí y te dije adiós levantando la cabeza. Bueno, os dije, porque no estábamos solos, ni tampoco lo parecía. No, no vamos ahora a fantasear con un romanticismo inexistente.

No percibí que sería un momento que iba a quedarse marcado en nuestro recorrido. Pero así ha sido. Quizás porque me lo recordaste al cabo de unos meses, y sí, yo también sabía a cuándo te referías. A esos cinco minutos absurdos en los que por cierta gentileza y algo de simpatía intercambiamos un “hombre, qué tal, cómo estás? Y tú? Bueno, pasadlo muy bien”.

Hoy he vuelto a adentrarme en esa plaza, podría haber cogido la calle de la derecha o haber acortado por el boulevard de arriba, pero me he visto subiendo de nuevo esa pequeña callejuela en la que la ciudad respira con la parsimonia de una aldea, en la que el sonido va desgastándose con el bailar de cada paso.

He pasado por allí otras muchas veces, pero hoy me he encontrado con esa imagen. De la fuente no brotaba agua ni había motos aparcadas. Los comercios de alrededor ya no eran los mismos. Tampoco el tiempo era igual, entonces íbamos con bufandas y cazadoras abrochadas. No sé por qué he sentido la necesidad de pararme, de acercarme de nuevo a ese punto. Me he visto moviendo los labios, sonriendo, diciéndote adiós otra vez. Y tú reías, y a medida que tu sonrisa se hacía grande, tus ojos se convertían en dos puntos verdes pequeños, muy pequeños. Como siempre, pensaban algo, no he querido preguntarles, ya me lo contarán si tienen ganas. Tus tres arrugas en la frente también han aparecido. No, no, claro que no me fijé ese día, pero hoy sí estaban. Tenías el pelo igual de alborotado pero más corto, y menos cano. Escondías las manos en los bolsillos, como aún haces, cuando no sabes cómo dirigirlas.

No debo haber estado allí más de cinco minutos. Algunos transeúntes me han mirado, pero no le han dado importancia al hecho de que estuviera allí parada. Sin hablar, pero conversando.

Luego he seguido caminando hasta mi destino, he llegado a la terraza. Te he abrazado y te he dado un beso en esa mejilla que quiere y sufre.

De dónde vienes? me has preguntado.

De vernos.

Sólo has sonreído.

PEDRO TEIXEIRA 10, 1º 9.

Llegué de forma repentina, sin darme casi cuenta, obedeciendo a circunstancias no buscadas, de esas que sin querer ni saberlo te empujan hacia un lugar mejor. Un simple sitio físico que se convierte en un propio espacio vital.

Lo hice descendiendo algunos pisos, con la sensación de que en cada uno se iban espolvoreando los rastros de esos primeros diez u once años….esas noches reflectantes que se apagaban de madrugada al sabor de unos spaguettis y una guitarra, esas jornadas de amigas a máximo volumen, de visitas de barna sin turno de entrada, de vaivenes románticos que se diluían entre el infantilismo y la ilusión. Con cada peldaño bajado se alejaban, sin saberlo, esos días de juventud arañada, esos días en los que importaba contar cada segundo para no perder un ápice de vida.

Ya en la primera planta desembarcaron los cambios, la combinación de trabajos, el aterrizaje a situaciones laborales desconocidas. Una vez más las ganas tumbaron al desconocimiento, la inconsciencia ganó el pulso al respeto. Descalzándome los tacones y haciendo crujir el parquet frío fui sellando mi sitio, acogida por una luz agradable y reposada, por unos muebles robustos y grandes, ya míos.

Sin haber deshecho aún las cajas se colaron besos con permiso y risas sinceras que se quedaron bailando sin compás, sin encontrar un lugar seguro, su hueco valiente. Aprendí a leer los viernes por la noche, a oler el café sin prisas, incluso a decirle adiós. Continuaron las buenas costumbres, ahora ya con otro ritmo, ahora ya con forma específica. Pusimos paneles para proteger una intimidad que poco a poco decidió desnudarse y comenzar a batallar para entenderse a sí misma. Colgamos lámparas, cuadros y fotos, añadí letras para formar palabras, algunas a la venta, otras sólo para escribirlas, escucharlas, sentirlas. Decoré con mis reliquias y hasta con las preciadas máquinas. Celebramos fiestas, dejamos volar globos con deseos, fuimos rock stars y brindamos muchas veces. Se acomodó el insomnio, aparecieron proyectos nuevos, me hice socióloga, se consolidaron amistades que me empujaron hacia otras formas de ver la vida. Entraron y salieron nombres, cayeron lágrimas a las que una misma aprendió a darles respuesta sin necesidad de mirar al de enfrente. Muchas sonrisas, infinitas ilusiones.

Después de cuatro años ha sido ruido el que me ha obligado a hacer las maletas. Hoy ya sé que es sólo una excusa, que tocaba irse. Conmigo se transportan algunos de esos muebles, muchos recuerdos, todas las experiencias. Sin ello no hubiera podido llegar a estas nuevas alturas, a vivir lo acontecido.

Veremos cómo oteamos la vida desde aquí arriba. Cómo la aprendemos. Cómo la disfrutamos.

PD.: Pablo Neruda – Soneto XCVII
Hay que volar en este tiempo, a dónde?
Sin alas, sin avión, volar sin duda:
ya los pasos pasaron sin remedio,
no elevaron los pies del pasajero.
Hay que volar a cada instante como
las águilas, las moscas y los días,
hay que vencer los ojos de Saturno
y establecer allí nuevas campanas.
Ya no bastan zapatos ni caminos,
ya no sirve la tierra a los errantes,
ya cruzaron la noche las raíces,
y tú aparecerás en otra estrella
determinadamente transitoria
convertida por fin en amapola.

NO SÓLO PASA EN LAS PELÍCULAS…

(porque pasó ayer….)

Su cara se ilumina cuando nos lo cuenta, se aparta el flequillo y observamos unos ojos bulliciosos, que respiran emoción. Mientras, hace mover una melena que, para algunos, estaría al límite de lo que corresponde para su edad.

Me prepara el desayuno cada mañana, y me abraza. No os penséis que se lo cuento mucho a mis amigas, porque me miran un poco así….

Y sonreímos absortas, dispuestas a escuchar cada capítulo de una historia que tiene tintes de película.

Ella acaba de jubilarse, tiene 60 años y, hasta hace unos pocos meses, vivía en un pueblo cerca de Barcelona. Se ha trasladado a Madrid. Por amor, con la fuerza de sus cuatro letras. Nos explica, combinando catalán con castellano, que hace un par de años que sale con un señor de la capital, sí, con un adulto mayor, o como queramos llamar ahora a las personas que han vivido (si por vivir entendemos que corra el calendario) ya más de lo que ahora les queda.

Creo que está siendo la vez que más enamorada estoy. Ni con el padre de mis hijos, ni con otras historias que he tenido desde que me separé. Además ahora es mejor, lo vivo todo con más experiencia.

En los últimos tiempos diferentes circunstancias le han obligado a romper rutinas, desprenderse de un pasado, recolocar sentimientos, y en medio de una voraz vorágine emocional, apareció él.

Me lo presentó un amigo, empezó ayudándome con temas de papeles que tenía que resolver, aconsejándome…Nos dimos cuenta los dos que había algo.

Se alarga la falda del vestido, un traje oscuro que mantiene con juventud y respeto los años que tiene. Se ríe de forma constante, con ese descaro que tiene la felicidad cuando quiere contagiarse.

He estado nerviosa, a momentos he pensado que esto no iba a salir bien, pero…hay que intentarlo, no?

Le pregunto cómo se siente en la capital, y nos cuenta que echa de menos a su hija y a sus amigas, y a una hermana. Que la idea es ir yendo de forma periódica a su casa de allí. Para ver el mar, y controlar las plantas.

Yo lo achucho mucho. Porque soy muy cariñosa. Él dice que él más, pero no…a mí me gusta darle abrazos, y él se deja….

Le decimos que le va a encantar Madrid, que disfrutará mucho. Que esta ciudad es una buena aliada para recién llegados.

Aquí hacemos muchas cosas, vamos al teatro, salimos. Estoy aprendiendo a moverme en metro. Son muchas experiencias nuevas.

Y vuelvo en moto sonriendo, y pensando que quizás, Cuando menos te lo esperas no era sólo una película de cine. Que al final, la realidad existe y es para valientes, y que la valentía, sin duda, no tiene edad.

PD.: Gracias mYmO por haberme dado la oportunidad (casual) de conocerla.

El Parque.

Se sentó. Quizá fuera el mismo banco. No lo recordaba. La tarde era desagradecida y no había nadie. Nadie paseando perros. Nadie cruzando.

Aquella noche tampoco. Aquella noche solo la luna había sido cómplice. Mírala. ¿Nos sentamos un rato? Y se habían desplomado entrelazando sus manos, dejando escapar unos besos prudentes por sus nucas tímidas, ya algo ebrias. Me gusta más cuando parece la de Las Mil y Una Noches, es más de uno mismo, ¿no crees? Sí, a mí también. Sonrieron. Ese día era llena.

Se tapó mejor con la bufanda, que oprimía con autoridad sus labios y borraba el carmín con cada leve movimiento. Miró hacia arriba. Las nubes se empujaban sin forma ni cortesía, su pelo andaba alborotado. Sin consciencia esparció la tierra con el pie, el ruido le hizo zarandear la cabeza, sin fuerza, buscando otro punto donde apoyar su mirada. Un balcón. Una rama. Rehizo sin pestañear el cuadrado con detalle, imaginándose cada mañana subiendo cualquiera de esas persianas que ahora franqueaban la intimidad del lugar.

Es como si estuviéramos en París, ¿verdad? Oh là là. ¿Querrás que vayamos? ¿Al de verdad? La abrazó con delicadeza, acercando su oído hacia su pecho, huidizo, voluptuoso. ¿Estoy oyendo un sí? Bueno, con una casa aquí yo me conformaría. Rieron.

Dio vueltas al anillo, haciéndolo rodar con cada nota que sonaba en su cabeza. Esa melodía entraba en escena siempre sin permiso, sin estar nunca segura de querer darle paso. La tarareó bajito. Sonó un whatsapp. Lo leyó y siguió cantando hasta acabar la letra. Tecleó la respuesta de forma rápida. Voy, no tardo ya nada.

PD.: Creo que fue Robin Lane Fox el que preguntó en su clase de Oxford para qué servía un jardín y se encontró con la respuesta maravillosa de un alumno: para besarse. La vida transcurre en lugares y nuestro oficio no puede evitar que esos lugares se asocien a las experiencias personales de cada uno. (Blitz. David Trueba)

BENDITO ÉL.

Esto pasó ayer. Sábado 9:30 de la mañana. Con un poco de frío me sitúo con la maleta, el ordenador, el bolso (séase, algo cargada) a esperar el 27 para bajar a Atocha. Voy con el tiempo más o menos justo para llegar al AVE. Subo en el autobús y como se me ha gastado el bono, hago acto de pagar un con un billete de 10 euros.

El señor conductor, algo yo creo malhumorado por tener que trabajar en sábado, o quién sabe, quizás había tenido insomnio como yo y no estaba del todo de buenhumor (no era mi caso), me contesta que NO. Así con mala cara y con talante de pegarme la bronca. Que con ese billete NO_O (cada vez sonando más alto). Que además a esas horas de la mañana por supuesto no tiene cambio. Una empieza a agobiarse, rebusco en el bolso y no…no tengo suelto para un euro y medio. La cara de pena se me pone sola, agobio porque me toca bajarme en la siguiente parada, y o bien buscar cambio, y si hay tiempo coger otro bus, o parar un taxi y se acabó (cosa que me producía un poco de rabia porque para eso habría podido apurar un poco más el despertador).

Pero de repente oigo un algo….no sé muy bien qué….un simple susurro…. Me giro y un hombre sentado en los primeros asientos (debían estar todos los viajeros entretenidos cual espectadores de un sktech bastante malo) me enseña dos billetes de cinco que saca de su cartera.
El hombre era indio, o quizás pakistaní. O a saber. De tez morena, flequillo no del todo limpio. Con dientes gastados y camisa de los años setenta.

Le doy las gracias. Seguro que no le importa?. Más gracias. Me sonríe. Pago (obvio ponerle gesto digno al conductor, felices los felices…).

Le vuelvo a dar las gracias al pasar delante suyo con mis trastos. Me vuelve a sonreír.

Y nos preguntamos qué hacen aquí?

Pues por de pronto, AYUDARNOS.

 

PD.: en mi lista de las mejores cosas del día, esto se llevó sin duda el número uno del ranking.